La sede del Ministerio de Relaciones Exteriores

La sede del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana del Ecuador es un conjunto de dos edificios emblemáticos de la arquitectura del siglo XX: uno, estilo francés, de los años treinta y otro, modernista, de los años cincuenta. Los edificios representan dos épocas de la arquitectura, dos concepciones del espacio y, siendo tan diferentes, forman un conjunto funcional que se destaca como una estupenda muestra de la fusión de estilos y de la reutilización de ambientes, característica de la ciudad de Quito, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Acercarse al estudio de los dos edificios desde la ladera de la historia resulta una tarea a todas luces compleja. Pareciera que, aunque lo más importante es la actual forma arquitectónica nos pica la curiosidad por conocer su intrahistoria de los dos edificios, como si de una pareja se tratase: cómo fue su nacimiento, cómo se transformaron, cómo se unieron, cómo se llevan entre sí, incluso quisiéramos conocer algo de su cotidianeidad e intimidad.

Vaya por delante que ambos edificios tienen como autores a connotados arquitectos, quienes han dejado su impronta en la historia edilicia de la capital, Francisco Durini en los treinta y Milton Barragán en los cincuenta. En todo caso, y también vale aclararlo de inicio, son edificios que han estado al servicio del Estado y del pueblo ecuatoriano la totalidad de la vida del moderno y la mayor parte de la vida del antiguo, pues, aunque este se inició como residencia privada, tuvo esa función solo por unos pocos años.

Edificio antiguo del Ministerio de Relaciones Exteriores

“A inicios de la década de 1930 el señor José Najas, comerciante libanés establecido en Quito en las primeras décadas del siglo XX, compró la casa que pertenecía al señor Gustavo Freile situada en la zona de expansión del Quito de esa época. El señor Najas, casado con la francesa Susanne Deladéle, encargó la ampliación y remodelación del inmueble al arquitecto Francisco Durini. En estos años la casa tomó el nombre de palacio Najas o villa Susana, en honor a sus dueños, quienes la habitaron hasta 1935. Entre los años 1936 y 1937 se transformó en casa presidencial en el gobierno del ingeniero Federico Páez y desde 1940 se convirtió en la sede principal del Ministerio de Relaciones Exteriores. En un gran lote de terreno, que abarca toda la manzana entre la avenida 10 de agosto, la calle Ulpiano Páez, la calle Jerónimo Carrión y la calle General V. Roca, Durini plantea el proyecto de remodelación y ampliación de la antigua casa como casa de departamentos: en el piso superior residía el señor José Najas y su esposa, mientras que en el piso inferior residía su hermano junto con su familia. El palacio Najas contaba con dos ingresos, uno hacia la avenida 10 de agosto y otro lateral hacia la calle Carrión. Los dos ingresos conducían a un vestíbulo central a doble altura, donde se ubicaba una gran escalera imperial. Desde este vestíbulo central se accedía a los dos departamentos de distribución funcional semejante: los salones principales y comedor hacia el jardín posterior, y la zona de dormitorios y salas íntimas hacia la avenida 10 de agosto. El jardín posterior, rico en diseños, incluía una pequeña piscina, una pileta y esculturas de bronce de excelente factura. La casa, construida en su totalidad en ladrillo, se destaca por su cubierta tipo mansarda francesa con estructura de madera y cubierta metálica. En el interior se testifica una gran riqueza en el uso de materiales de acabados: mármol en pisos y escaleras, hierro forjado en antepechos y pasamanos, madera tallada en puertas, ventanas, zócalos, cenefas y artesonados, molduras de yeso pintadas, etc.

El palacio Najas corresponde a la tipología de villas o palacetes que se levantaban al norte del casco urbano en las décadas de 1920 y 1930, pero éste, con un estilo neoclásico frecuentemente usado por Durini, con elementos típicos de la arquitectura francesa, fue uno de los más importantes y fastuosos de la época y formó parte importante de la vida social de la burguesía quiteña. Su decoración evocaba, según menciona la historiadora Rosemarie Terán, “los tradicionales vínculos entre el gusto árabe y el gusto francés”. Posteriormente, al ser ocupado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, el palacio mantuvo su carácter distinguido y señorial. En especial en los grandes salones que han servido más de medio siglo para importantes reuniones y recepciones del círculo diplomático y cultural. A finales de la década de 1950, la ciudad de Quito se preparaba como sede de la XI Conferencia Interamericana de Cancilleres que se realizaría en 1959. Con este motivo, se solicitó al arquitecto Milton Barragán Dumet, quien todavía era estudiante de arquitectura, un proyecto de ampliación de ampliación del antiguo edificio del Ministerio para albergar sus oficinas. El nuevo plan determinó el derrocamiento del bloque frontal hacia la avenida 10 de Agosto para reemplazarlo por un edificio de altura de tendencia racionalista. Por esta razón, el palacio de Najas no puede ser apreciado en su conjunto original, manteniéndose solo los dos bloques posteriores hacia el jardín, que albergan los majestuosos salones de recepción”. (Alfonso Ortiz Crespo, Guía Arquitectónica de Quito, Quito-Sevilla, Junta de Andalucía-Municipio de Quito, 2004, Vol II, 371-372).

Edificio moderno del Ministerio de Relaciones Exteriores

Con motivo de la XI Conferencia Interamericana de Cancilleres y ante las deficiencias que las oficinas del Ministerio de Relaciones Exteriores, frente al crecimiento de actividades que requería la Secretaría de la Conferencia, el Gobierno Nacional incorporó esta obra dentro del plan de preparación de Quito como sede del evento. En 1957 se resolvió la remodelación de la Cancillería, que ocupaba el palacio de Najas, con la demolición del bloque frontal y la construcción de una obra nueva para las oficinas frente a la avenida 10 de Agosto, con acceso también por la calle Roca. En el subsuelo funcionarían almacenes, bodegas, archivos, servicios técnicos, cafetería y cocina para empleados. En la planta baja, información, biblioteca, oficinas de archivo, Dirección de Migración y Extranjería. En el primer piso, hall de recepciones, salones y comedores, despacho del ministro y subsecretarios y oficinas de protocolo. En el segundo piso, departamentos Consular y de Comercio, de Traducciones, Jurídico y de Servicio Exterior. En el tercer, departamento de Actas y Organismos Internacionales, de la OEA, y de Fronteras. En el cuarto y quinto, oficinas, y en el sexto, pagaduría, laboratorio y oficinas de empleados. El arquitecto lo diseñó como su trabajo de tesis de grado. Fiel a la arquitectura moderna, optó por establecer una separación visual entre el edificio existente, al que catalogaba como “un castillo francés” que no estaba dispuesto a imitar, y el nuevo bloque de oficinas. Sin embargo, ambos debían estar conectados, escogiendo para resolver el vínculo una estructura central baja no visible desde la calle principal. Utilizó mampostería de ladrillo y estructura de hormigón armado. Al exterior pone de relieve un zócalo texturado en piedra colocada en diferentes planos de profundidad, creando un juego de luces y sombras. Paños vidriados contrastan con los elementos verticales a manera de quiebrasoles de hormigón. En 1959 se ampliaron dos pisos más y en febrero del año 1960 inauguró la obra el Dr. Camilo Ponce Enríquez, Presidente de la República. Con posterioridad se realizaron diversas intervenciones de ampliación y adecuación, a pesar de lo cual el edificio, especialmente en su fachada frente a la avenida 10 de Agosto, conserva su imagen moderna de equilibrio y sobriedad. Tal es el caso de la ampliación correspondiente al último piso de oficinas, en el cual el arquitecto Juan Espinosa incluyó el tratamiento de parasoles, elementos utilizados en el diseño original de la fachada por el arquitecto Barragán. Con los parasoles verticales protege el espacio interior de la fuerte luminosidad, le da unidad con el lenguaje formal del cuerpo existente a la vez que acusa la ampliación como un elemento de terminación del edificio” (Alfonso Ortiz Crespo, op.cit., Vol II, 370-371).

¿Conviene llamar Palacio de Najas a la sede del ministerio?

Aunque los periodistas suelen referirse a la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana con el fácil apelativo de “Palacio de Najas”, denominación que también se usa a la ligera en redes sociales, la verdad es que no es un nombre adecuado.

En primer lugar, aquello de palacio tiene un sabor muy poco republicano. Palacio es una casa destinada para residencia de los reyes o de familias nobles, y el Ecuador se proclamó república, de manera que no tenemos ni reyes ni nobles. En segundo lugar, en el uso común y tradicional de Quito se llaman palacios solo a las sedes de los tres poderes: el Ejecutivo (Palacio de Gobierno), el legislativo (Palacio Legislativo) y el judicial (Palacio de Justicia) y esto sí tiene raigambre republicana pues destaca que son (o fueron, porque el de Justicia fue derrocado) los edificios que alojan a los más elevados poderes de la nación.

Por otro lado, el posesivo “de Najas”, no viene al caso. Como hemos visto, el señor Najas no fue el inicial propietario sino el señor Freile, y aunque fue aquel quien encargó al arquitecto Durini la remodelación o reconstrucción de su residencia, no vivió en ella sino cinco años, pasando de inmediato a ser de uso del Estado: primero como residencia presidencial y luego como sede de la Cancillería. El 95,5 por ciento de la existencia del predio ha tenido función pública, y no cabría llamarlo con el nombre de quien lo ocupó 4,5 por ciento de su existencia. Un dato adicional: en ese pequeño período en que fue de uso privado tuvo otro nombre: “Villa Susana”, en honor a la esposa del comerciante. Pero luego la pareja, que no tuvo hijos, vendió el edificio y se fueron a la Argentina, donde el marido hizo negocios, envejeció y murió.

Es contradictorio que un edificio público lleve el nombre de un privado, a no ser que oficialmente se lo haya llamado así (como, por ejemplo, el edificio Alonso de Illescas, también de uso de la Cancillería, en la calle Páez, consagrado al recuerdo del precursor de la independencia de los afroecuatorianos).

Un sentido histórico muy superior al de un propietario privado tiene la función pública a la que ha estado consagrado 20 veces más tiempo el conjunto de los dos edificios. Por eso hay que desterrar el uso de “Palacio de Najas” para referirse a la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.